Luz en un mundo diferente.

Era un mundo diferente al que llegamos por primera vez, un mundo donde los sonidos eran otros, la visión de las cosas era ajena a lo que habíamos visto, aún los aromas eran aromas sentidos por primera vez, todo difería tanto de los que hasta ese momento habíamos percibido como realidad; y nosotros sólo éramos aquellos atrás de sueños puestos en nuestro corazón y no eran sueños comunes, eran sueños del Eterno, por esa razón y simplemente por esa razón eran sueños importantes, sueños que no podían ser dejados atrás.

 

Muchos años antes, habíamos recibido el llamado de ir a un lugar donde Cristo no hubiera sido predicado, ese era el deseo que estaba desde hacía mucho tiempo latente en nuestro corazón, nos sentíamos dispuestos a ir y de repente estábamos ahí, en medio de un mundo diferente, y necesitado de Dios, fue solamente por aquella convicción que no huimos del lugar, pues las preguntas comenzaron a surgir, ¿qué hacemos aquí?, y ¿ahora qué debemos hacer?

Aquel primer día será inolvidable, era una gama de emociones; alegría, sorpresa, miedo, incertidumbre, gente nueva viéndonos todo el tiempo, niños y más niños a nuestro alrededor, y de repente al caer la noche, en medio de la obscuridad, solamente a la luz de una fogata, se escuchaban otros sonidos venir y nosotros ahí con nuestros dos pequeños hijos de dos y cuatro años decidimos permanecer, pues aquel mundo nuevo era un mundo sin luz y no era simplemente la luz del día la que les hacía falta, era la luz de Jesús.

Los días pasaron, pero cada uno fue espectacular, fueron días llenos de cosas nuevas, llenos de desafíos, mil preguntas en nuestro corazón, el cansancio en nuestros cuerpos y sin saber en muchas situaciones qué hacer, pero la convicción de no estar en el lugar equivocado permaneció cada día y en cada situación.

Hoy, ya ha pasado algún tiempo desde ese primer encuentro; muchos días vividos en ese nuevo mundo nos hicieron conocer cada vez más a los que viven ahí y conocer más de cerca su forma de ver la vida y su entorno, aquello que llamamos cosmovisión. Hemos aprendido mucho de ellos, hemos podido conocer más su mundo, familiarizarnos con todo aquello, lo cual al principio era desconocido. Hemos tenido que esforzarnos en aprender su idioma, también hemos tenido que aprender a entender, simplemente entender.

Hoy todavía seguimos en nuestra travesía, sin desistir aún, pues sabemos que hay mucho todavía por hacer y aprender, hay mucho que enseñar; aún seguimos con el reto de aprender a confiar, confiar que Él hará todo lo que ha dicho y que un día la luz de Jesús brillará en ese mundo, el cual todavía está lleno de obscuridad.

No podemos decir que ha sido fácil, no es fácil todavía, el camino a veces parece estrecho, tan estrecho que pareciera que vamos a perder la dirección, pero seguimos creyendo en Aquel que dijo ser el Camino, la Verdad y la Vida y no solamente lo es para nosotros, sino para todo aquel que confía en Él.

Si un día tú te encuentras en un mundo desconocido, pero donde sabes que Dios te mandó, permanece en ese lugar, pues al final de la jornada creemos que la luz brillará y sobre todo tendrás la convicción de no haberte equivocado de lugar, sabrás que estás en el lugar donde debes estar, yo creo que eso es ganancia, una ganancia eterna para guardar.

E. Y. H.